es tendencia natural del homo sapiens común hacer una mirada hacia atrás y evaluar, analizar, meditar sobre los hechos acontecidos durante el año que ya está por acabarse, NADIE SE SALVA de esta práctica que emana frases de autoayuda y compasión, de cumplidos y auto-halagos por las metas cumplidas
y yo, soy la regla, jamás la excepción
estuvimos tantas tardes
tirados medio muertos arriba del sofá
tomando agua
a veces agua con azúcar y limón
viendo el tiempo pasar delante de nuestros ojos
reímos quinientas veces de las mismas cosas
y a veces, teníamos hambre y nos comíamos una olla
como pegados viendo la tele
regalando nuestro tiempo a las banalidades inherentes al hombre
repartiendo sonrisas, regalando discusiones
viviendo el día a día como si fuera un día más
estuvimos ahí parados
afuera de una atmósfera tratando de sacar conclusiones adelantadas
tratando de analizar, de entender
entregamos energías y a veces no canalizamos las que recibimos a cambio
escuchamos una sencilla melodía de grillo
miramos las luces encandecentes de la capital
que no permiten que la noche sea oscura y que la luna resplandezca
subimos a lo más alto de un cerro
metimos los pies al mar y a la caca de perro
tomamos lo intomable
fumamos té de boldo
nos inyectamos ilusiones de días de más risa
y a veces ganamos
porque logramos que nos escucharan
porque quedamos con esa sensación de poder de ganar una discusión idiota
porque por un día completo la frene la tuvimos en alto
y perdimos
- nadie no pierde nada -
algunos perdieron la inocencia, algunos perdieron oportunidad
otros solo perdieron la cabeza
y aquí estamos
esperando nada, dándolo todo - o casi -
lamentándonos siempre de las mismas cosas
y llorando siempre sobre el piso lleno de leche
pasa el tiempo, el viento recorre, la música fluye, creamos expectativas, sentimos emociones, nos decepcionamos, nos caemos y nos volvemos a levantar, sacamos conclusiones, ideamos planes, miramos al futuro, tenemos esperanza, a veces la perdemos, pero siempre encontramos un motivo para seguir adelante, probamos cosas nuevas, dejamos la rutina y la volvemos a tomar
respiramos
observamos
conversamos
desconocemos, conocemos, damos a conocer, amamos, odiamos, amamos Y odiamos, a veces no entendemos: NADA .. por mucho tiempo, por muchas vueltas que demos a las cosas, pero a veces desciframos algunos de los misterios que la vida tiene para nosotros, amamos la tierra, admiramos el sol, aprendemos de la gente, el viento nos abraza, no paramos de pensar, aunque a veces quisiéramos hacerlo a toda costa, nuestra mente no descansa, jamás terminamos de aprender, de conocer, de crear, de aprender, de compartir, tenemos ilusiones, tenemos sueños, tenemos fuerza, tenemos valor
y a veces, hay tornados mentales que nos obligan a tener que volver a auto-convencernos de todo esto que ya sabemos.
Ya van dos entradas de la Juana. La Juana aquí, la Juana allá, la Juana arriba, abajo y en diagonal. Pero hasta el momento tenía una identidad desconocida. Pobresilla ..
La Juana no era adolescente ni era adulto, quizás se asemeja a un adulto joven, pero con muchos rasgos de niña y un corazoncillo de abuelita de 70. Era un menjunje de edades, etapas y pensamientos que a veces hasta a ella le parecía extraño. Lo vital aquí, es que la Juana tenía entre 21 y 28 años, dar edad exacta aquí no es importante. En fin, una joven un poco fuera de lo común, pero tan normal como todos los normales de este país .. Contextura media, estatura promedio, pelo y ojos del gen dominante, distintos tipos de intervenciones en su cuerpo. Se vestía diferente a la moda de su estrato social, osea, a veces. Porque tomaba elementos de todas partes porque parecía no poder decidirse por alguna corriente. Pero no era así, no era que no pudiera definirse, era que no quería, porque veía una arista conveniente en cada cosa que conocía.
Estudiaba algo poco común, pero se juntaba con gente común, o eso creía ella, porque sus amigas y amigos de toda la vida no encontraban a su círculo TAN común como ella pensaba. Incluso a ella misma nadie la encontraba común. Ella era como .. un collage de fotolog, de esos de tiempos de antaño cuando se tomaban fotos toda la tarde en diferentes partes de la casa, con diferentes poses y cambios de ropa cual sesión de modelaje. Era todo, un poco de sal, de pimienta, de azúcar, coca-cola, cerveza y una frutilla.
Y dentro de toda esta definición poco definitoria pululaba la Juana. Si ya se hace complejo definirla a ella, claro está que lo que vivía a diario es aún más complejo de definir. Pero esa es la gracia de la juventud, de la sociedad de hoy. Ya no importa ser ambiguos, no importa no ser ni chicha ni limoná porque ahora a todo se le encuentra "su qué", todo de una u otra forma es simpático, tela, buena onda.
Quizás cuantas personas calcen con esta definición, tan común y tan atípica. Pero de nuevo, esto no es importante. Porque esta, en particular, es la Juana y en este blog, mediante procesos psíquicos y metafísicos y mágicos locos de telepatía, la persona atrás de este computador, podía contar todo lo que la Juana vivía por el simple hecho de tener la necesidad imperiosa de escribir algo que, en realidad, a nadie le sirve ni le interesa.
Es natural e intrínseco al hombre cambiar. Es un proceso que está latente durante toda nuestra vida, porque no siempre un cambio radical hace que toda la estructura mental y social de una persona se modifique. A veces son cambios mínimos, cambios de pequeñas actitudes, diferentes razonamientos a los usuales y a lo que se le podría llamar un "problema", es que ni siquiera uno se da cuenta cuando esto pasa. Sobre todo en épocas de transición, como lo son el paso a la universidad desde el colegio, o al trabajo desde la universidad, hacen que empecemos a formular las cosas de manera diferente en nuestras cabezas. Y en un abrir y cerrar de ojos, por un cambio mínimo e insignificante, puede cambiar toda nuestra presencia, forma de relacionarnos y nuestra forma de comportarnos, con uno mismo o con los demás.
Y así estaba la Juana. Estaba vuelta loca, enferma, insoportable. Porque no entendía en qué minuto ella, ni todos los que la rodeaban se habían convertido en tales hipócritas insoportables. Ya veía la vida de una forma diferente, creía en otras cosas y prefería silentemente analizar el comportamiento ajeno, a aportar anécdotas e historias que realmente a nadie le servían ni le interesaban. La gracia de la Juana era simple, ella ahora no se andaba con cinismos, ya no fantaseaba con idioteces imposibles porque de la noche a la mañana todo se había caído al suelo. El simple hecho de observar 20 minutos una conversación de los mismos amigos que veía hace tantos años la hacía darse cuenta de qué camino había tomado cada uno, ahora se daba cuenta de las mentiras y los toyos, de las llamadas de atención, de la falta de cariño, de la superficialidad, pero también de la sinceridad, del amor. Claramente nunca todo es malo, aunque así lo parezca. Ella había cambiado. Estaba conforme con su cambio (pero al parecer su círuculo no soportaba este silencio de su parte) porque ahora tenía la oportunidad de ser aún más sabia, aún mas viva, la Juana no se sentía susceptible a engaños, no enganchaba en mentiras, no pescaba pendejerías de los que alguna vez encontró sabios e inteligentes. La Juana crecía mentalmente, en medio de decepciones, en medio de darse cuenta de verdades crueles y descubriendo quienes realmente eran los similares a ellos con los que quería seguir compartiendo el resto de su vida.
Pero la Juana no podía estar feliz. Algo se lo impedía, se angustiaba y lloraba cual recién nacido .. pero dentro, muy muy muy en el fondo sabía que venía algo bueno para ella. Porque le tocaba y porque realmente, sentía que se lo merecía.
La Juana sabía que "ya nada es lo que era" ..
Hacía tiempo que Juana no sentía escalofríos constantes recorrer su cuerpo, hace tiempo que no se le nublaba la vista. Ya no recordaba la última vez que se ahogaba en llanto y sentía que perdía el control sin poder recuperarlo rápidamente. Un crisis. De angustia, de esas de las más serias y las más insoportables. Había fingido el día completo, pero Juana creía que no le había resultado. A fin de cuentas, ni los tontos son tan tontos como parecen. Era el primer minuto del día en el que se encontró sola. Completamente sola. Conduciendo por las calles, con la música fuerte y la cabeza en Narnia. Cinco escalofríos seguidos y comenzó el diluvio, los gritos y el dolor más grande que nunca había sentido su alma. Pobre Juana. Pobre porque no era capaz de hablar. Y aunque así lo fuera, no podría explicar jamás lo que sentía, y siente, porque ni ella lo entiende. Es todo nuevo, todo raro, todo sin una causa netamente conocida porque todo lo que piensa se mezcla y se contrapone. Y el problema, era que Juana quería parar de sentirse así, pero bajo ninguna razón quería dejar de llorar. Quería inundar el auto, quería que se le hincharan los ojos para que así se notara el padecimiento del dolor más grande de su vida. Pero no lo logró. Recuperó involuntariamente el control sobre el torrente que caía de sus ojos tristes y melancólicos, pero no encontró una solución, una respuesta, una señal de algo, nada. No había nada. Solo recuerdos, solo mentiras, solo amor, solo veía la perdición.
Pobre Juana, se sentía tan sola. Quería llamar, pero sus dedos no respondían. Quería un abrazo, pero no sabía quien podría dárselo. La música la agobiaba, ya no sentía el frío. Hubiera escapado durante un par de días si fuera un poco más valiente de lo que es.
Siendo una persona que medita cada detalle que pasa en su vida, en mi cabeza va dando vueltas el tema de las amistades y los conocidos.
Qué es la amistad? Existe una amistad dónde haya 100% de confianza el uno en el otro? Existe estar siempre en las buenas y en las malas? Los amigos que uno quiere quedan para toda la vida?
Son pocas preguntas, pero cada una de ellas podría tener una respuesta extenuante, larga y, claramente, muy debatible y discutible.
Basado en mi experiencia personal, las amistades son como estrellas; algunas pasan como estrellas fugaces, otras después de años se apagan y otras siguen ahí hasta la última mirada al cielo que damos en nuestras vidas.
Claramente, a parte de la afinidad y gustos en común que uno tiene con los amigos, la confianza es el ingrediente principal, porque al final, uno recurre a los amigos cuando tiene problemas, penas, rabias o cuando quiere estallar de felicidad. Lo importante de la confianza es tener claro que de a poco se hace cada vez más potente e importante, pero cada vez más frágil. La confianza es como un vidrio que se rompe, a veces se da por perdida, a veces se puede, con mucha paciencia, reconstruir pedazo a pedazo, pero jamás va a volver a ser lo mismo.
Conocidos hay miles, amigos que pasan a ser conocidos también. Por qué dejamos de vernos, por qué dejamos de hablar; para mí hay una respuesta muy sencilla y compleja a la vez. Creo que las personas llegan a tu vida en cuanto uno las necesita y se van cuando te entregaron todo lo que te debían entregar. Es un ciclo, así como algunos se van, otros llegan y otros están siempre, porque siempre serán compatibles y tendrán nuevas cosas que mostrarte.
Las casualidades no existen, el destino nos une a ciertas personas en momentos precisos y nos separa cuando es tiempo de separarse. Pero esto no debería darnos pena, no debería afectarnos, porque todos vivimos el mismo proceso de local y de visita. Quizás pensamos que perdemos a demasiados amigos, que eramos unidos y ya no nos vemos, pero para otras personas uno cumple la misma función.
Ahora, claramente, hay amistades que son para toda la vida y la gran gracia de este tipo de relaciones es que sin importar cuántas veces al año se vean dos personas, cuántas veces hablen por teléfono, la amistad sólida sigue siendo siempre la misma.
En mi experiencia personal, tengo pocos amigos cercanos; algunos que son mi familia y veo casi todos los días de la semana y otros que veo una vez al año con suerte. Pero de esos amigos que veo poco, siempre puedo rescatar cosas valiosísimas de una ínfima visita, de una banal conversación por whatsapp.
Hay que aprender a valorar a la gente en el minuto que está presente en tu vida, y no llorar de pena cuando se alejan. Siempre con una sonrisa recordar lo bueno, aprender de lo malo y desear lo mejor a esa persona que ahora estará con alguien que necesite más de su compañía.
Las amistades son complejas, son disfuncionales, a veces ni siquiera se entienden, pero son de las relaciones más valiosas que uno tiene en la vida. Sea 1 o sean miles, los amigos son tu segunda familia, y creo que yo puedo considerarme afortunada de tener una familia de amigos tan presente en mi vida.
La amistad no se basa en exigencias, en verse todos los días. La amistad se basa en entender, en dar espacio, en ser feliz por la felicidad del otro y poder compartirla juntos. No creo que haya una fórmula, no creo necesario estar presente para siempre en la vida de muchísimas personas. Sólo me contento con saber que pude hacer feliz a alguien con mi compañía mientras era necesario. La amistad no es ambiciosa, es sencilla y humilde, sabe perdonar, sabe acoger, sabe reír y sabe llorar.
Es gratificante ser una estrella que no se apaga, pero hay que saber disfrutar también el ser una estrella fugaz.
Después de descargarme con rabia la vez pasada, me quedaron dando vuelta mil ideas en la cabeza. Pero una de ellas latía más fuertemente y me llamaba más la atención.
Esa idea que revoloteó varios días en mi cabeza no deja de impactarme y parecerme terriblemente impresionante. El hombre, el ser humano, es realmente malo y cruel, pero hay otro lado de la historia. Cuanto mal, cuanto dolor y angustia, cuanta tortura psicológica puede aguantar el hombre.
Somos una raza mala, también extremadamente masoquista. Esta característica se da principalmente en las relaciones amorosas, también en las familiares y amistosas. Pero cuánto somos capaces de aguantar por seguir teniendo cerca a un ser querido, a un amor, a un amigo. Tenemos la capacidad de cambiar las cosas que a los demás les molesta, podemos ceder, dar espacio, y aún hacerlo cuando no recibimos absolutamente nada a cambio, si no recriminaciones, retos, malas actitudes y pasadas a llevar.
Aguantamos tantas cosas y sufrimos en silencio, sin hablar con nadie, porque si llegamos a hablar la otra persona queda mal parada, la gente deja de entregarle cariño y aquel que sufrió y habló es el gran culpable de que la vida del otro sea tan miserable.
Los niños aguantan el bullying, las adolescentes aguantan la presión social de tener un cuerpo determinado y cierta ropa de moda, los jóvenes aguantan malos tratos de sus pares, todos aguantan presiones de pareja, aguantan peleas, faltas de respeto, desconsideraciones.
Claramente, nadie es un santo, todos somos victimas y victimarios, el problema surge cuando ya es un acto consciente y no se hace nada para remediarlo. Porque está mal ser un hijo de puta y aprovecharse de la debilidad ajena, pero también es incorrecto darse cuenta de que estás siendo manipulado y maltratado y no parar los carros, cortar la mala energía.
Pero esto no va a cambiar nunca. Porque el hombre, así como sabe que no debe matar, que no debe ser infiel, que debe respetar a sus padres, tiene el mal inscrito, porque como raza siempre hemos querido dominar, ser mejores, ser más fuertes, más racionales, más inteligentes y para eso usamos a los demás y trepamos por sus hombros para superarlos. El hombre cambió el paso natural de la evolución, el hombre creó el castigo, el hombre dejó de lado la selección natural por una selección supérflua basada en el físico, el hombre creó las dictaduras, el sistema, los holocaustos, las guerras.
Lo que sí puede cambiar es la conciencia de la "víctima", porque si somos una raza tan inteligente como para inventar la pólvora, las vacunas y la electricidad, es IMPOSIBLE que no seamos inteligentes como para frenar una situación desagradable, incómoda e hiriente.
Hay que abrir los ojos y, corta y fome, parar los carros; porque a pesar de que todos podemos ser victimarios, nadie merece sufrir por el hambre de poder y superioridad de otro.